Ella era peor que toda la droga del mundo.
Su mirada se clavaba en los ojos como cien mil agujas hirviendo haciendo que desarrollase por el dolor un placer inexplicable.
Era sangre, puro fuego,olor a sexo derramado.Era el precipicio de mis sueños más osados y el comienzo de todo también tras la caída.Ella me miraba y sonreía. Como si no supiera nada de lo que podía conseguir sin pretenderlo, como si no supiera que era la sabrosa manzana de mi pecado.
Nunca imaginé que llegaría disfrazada en puro vicio,haciéndome perder la cabeza de un modo tan insensato,que me llevaría a la locura incierta de todos mis actos.
Y aún así en cada acercamiento buscaba ciego el roce de sus labios.
Aún sabiendo que desde el momento en que mi boca tragara su saliva, estaría horriblemente atrapado.
Y aún así me moría por hacerlo.
Sabiendo que cuando lo hiciera también estaría muerto.
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