
¿Alguien sabe respirar a cien metros bajo tierra?
Los ojos ya no molestan, sólo duelen por dentro pero ya no te duele lo que ves por fuera.
No ves nada. No te ocurre nada, ni bueno ni malo. Y todos se han olvidado de ti, de que estás abajo…nadie te querrá lo suficiente como para hacerte daño. Nadie te odiará tanto como para necesitarte. Sólo tú y tus sentidos. Como si volvieras a nacer de nuevo cubierto en una manta de polvo infinito. Y nadie llora mientras tanto por no saber donde encontrarte, porque con tu ida borraste todas las partes en las que habías existido.
Nada sabrá que te has ido.
Y entonces para cuando salgas, nadie podrá decirte…que lo perdiste todo.
Nadie podrá llorar sobre tu hombro. Nadie querrá golpear tu cara.
Y cuando todo lo que habías abandonado se vuelva indiferente para el resto de la gente, entonces podrás empezar de nuevo…
Y podrás venir a buscarme y fingir que no me conocías ya de antes y decirme:
-Me pareció verte en alguna parte
Y por azares del destino, elegiré tomarme el café que me ofrezcas contigo y viviremos todos los años que perdimos.
Todos los años que ya vivimos sin habernos dado cuenta…
Sin darnos cuenta hasta que nos perdimos, hasta que nos dijimos…adiós, no vuelvas..
Haz como que no me conoces, como que nunca supiste quién era y llama a mi puerta. Llévame a algún sitio contigo donde el reloj no mueva cuerdas.
No me hables ni te enfades…
solo sonríeme con la mirada y me bastará para entender que no quiero estar en ninguna otra parte.